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Chiva (Valencia), celebra cada mediados de Agosto su "Torico de Cuerda" , las carreras del Torico están dedicadas a la Madre de Dios de Agosto y a San Roque, así, la fecha fija en que comienzan los festejos es el día 15 de agosto, día de la Virgen. Ese día invariablemente, el protagonismo lo tienen las Clavarias de la Virgen de Agosto, y el programa de actos se compone de una misa, la Fiesta de la Flor, una gran Mascletá, procesión y por la noche las típicas Albaes (Cantos de ronda acompañados de dulzaina y tamboril. Cantos satíricos o burlescos en unos casos o laudatorios en otros que se cantan en un recorrido por las casas de los paisanos más relevantes ese año); que empalman con la entrada de Toros de Cuerda, que se produce a las 5 horas, una entrada que tradicionalmente se ha realizado andando y en silencio, en total oscuridad, algo que hoy en día es prácticamente imposible.

El día 16 es a los Clavarios de San Roque a quienes está dedicada la festividad, y el programa también es inamovible. Tras la misa se desarrolla el Pasacalle y el reparto del Rollo de San Roque (dulce típico), y ya por la tarde, la Fiesta de la Borla y en los Toriles la típica degustación de Mistela y Rollo.

Son muy comunes, como ocurre en nuestra localidad las fiestas taurinas asociadas a la Virgen de Agosto y a la Asunción de María, como la de las cantaderas en León, o el toro de Carretillas en Barrax (Albacete), ambas también, y no es casualidad, en honor a San Roque; es habitual que estas festividades aparezcan además ligadas a santos taumaturgos, o especializados en la aplicación de remedios como San Sebastián, San Marcos (Beas del Segura), San Gregorio o, por supuesto, San Roque, como en la localidad andaluza de Siles, o en nuestro pueblo. Al fin y al cabo no es extraño invocar, en estas fiestas de fin de cosecha, a este santo milagrero que cuida de la saludo de los fieles y evita plagas para que sane o evite las heridas típicas de la carrera.

El día 17 es cuando dan comienzo, tras la diana con dulzaina y tamboril, después del concurso de Peñas ataviadas y una vez se ha disparado la tercera carcasa, las tradicionales carreras del Torico. Los corredores más intrépidos y mejor dotados físicamente conducen, como hemos dicho, al toro con una cuerda asida a la testuz por una badana de cuero que protege la cabeza del animal de la que arranca la cuerda que cuando se estrena, en la salida, mide aproximadamente unos veinte metros y que se va reduciendo paulatinamente por los diversos cortes que le hacen los mozos para facilitar la conducción del animal según el toro va perdiendo brío.

Los corredores van delante del astado y lo guían por todo el pueblo por un trayecto más o menos preestablecido, aunque suele variar según su capricho. Lo llevan a casa de sus padres, novias o amigas, ante cuyas puertas lo detendrán por unos breves minutos sujetando la cuerda en la “falleba” de las mismas. Devuelta la maroma a los jóvenes que esperan en la calle, seguirá el toro su itinerario, mientras que el propietario de la casa obsequiará a los mozos que tuvieron la atención y el valor de llevarle el toro, con jamón y buen vino de terreno, con pasta y licores típicos. Estas paradas posibilitan un descanso al toro y a los corredores.

Los días 17, 18, y 19 se suceden dos carreras cada día, en total son seis carreras en las que se corren dos o tres toros en cada una de ellas, ya que cuando el toro se cansa, siempre hay otro toro con la badana puesta preparado para salir. Precisamente la salida del toro, desde los toriles, es la parte más emocionante y peligrosa del festejo. Cada vez es mayor el número de toros que se corre, porque el recorrido cada vez es más amplio, y porque se intenta que el toro entre al toril lo más fresco posible con el fin de resguardar al animal y que el espectáculo sea más bonito.

El toro es el principal protagonista del festejo; por eso, al contrario que en otros Asociación Nacional del Toro de Cuerda lugares, no se le sacrifica. Una vez acabadas las carreras se le devuelve al monte para que descanse con la manada y pueda al otro año volver a correr por las calles de nuestro pueblo, compartiendo con nosotros el miedo, la fatiga y también la alegría. La fiesta se convierte en el triunfo de lo vivo, de la vida. El respeto al toro, pilar base de nuestra fiesta, es primordial, de él depende su continuidad.

Al final de cada carrera el dulzainero, con su melodía, arrastra a los jóvenes a la plaza, donde los corredores bailan las típicas danzas arbitrarias o torrás, que son unas seguidillas de un origen posiblemente anterior al siglo XVI, tradicionales en las comarcas centrales de la provincia de Valencia, y que al parecer, de toda esta zona, sólo perviven en nuestra Villa. También los mismos mozos realizan la torre humana en honor y agradecimiento a la Virgen que les protege en la carrera, en conmemoración de su ascensión a los cielos. Esta torre es una mojiganga, es decir, una composición plástica y acrobática similar a la que se realizan en pueblos como Titaguas, Calles o Algemesí. El origen de estas torres humanas se encuentra precisamente en nuestra región, aunque sólo se conservan en contadas poblaciones, y son precisamente en Cataluña, más al norte, donde han alcanzado mayor desarrollo.

A partir del día 20 las fiestas del Torico se completan con otros tipos de acontecimientos taurinos, siempre en la línea del festejo como juego, tanto en la plaza de toros, como en la calle; así, se realizarán entradas de vaquillas y toros, concursos de recortadores, toro embolado, etc.

Más información en www.chiva.es